A vueltas con el Caso Sony Pictures

Abogado. CDPP. E|CISO.  Senior Manager. Grupo SIA.

Abogado. CDPP. E|CISO. Senior Manager. Grupo SIA.

Gonzalo Salas Claver
Abogado. CDPP. E|CISO. Senior Manager. Grupo SIA. 

 Los ciberataques es un tema que de un tiempo a esta parte acapara buena parte de la agenda informativa. No hay semana que no aparezca en prensa el caso Sony donde, según parece por las investigaciones llevadas a cabo por el FBI, la unidad 121 de la Oficina General de Reconocimiento de las Fuerzas Armadas de Corea del Norte ha “hackeado” sus sistemas de información con las consecuencias por todos conocidas.

Este hecho ha vuelto a poner de manifiesto, por un lado, la fragilidad de las compañías y la virulencia de los ciberataques, y por otro lado, la dificultad o imposibilidad en muchos otros casos de identificar a sus autores y llevarlos frente a la justicia. Me permito recordar a este propósito y pido perdón por la auto-cita[1]; que carecemos actualmente de mecanismos y procedimientos que aseguren una respuesta rápida a los grandes incidentes de esta naturaleza, que incluya una detención rápida, un juicio sin dilaciones y un castigo severo en esta materia.

Siguiendo el divertidísimo –a la vez que profundo- artículo de Jacobo de Salas: “Cuando la diarrea legislativa no es suficiente. ¿Qué pasaría en un hipotético ataque cibernético de Corea del Norte a la productora de cine El Deseo?[2]” creo que hay seguir profundizando en estas cuestiones y ver qué se hace en otras jurisdicciones.

El Gobierno de Estados Unidos, a través de su Secretario del Tesoro Jacob Lew, está aplicando nuevas sanciones que afectan a tres instituciones norcoreanas y a diez altos funcionarios del régimen. Se ha bloqueado cualquier activo de los afectados en territorio estadounidense y les deniega también otro tipo de acceso al sistema financiero norteamericano. Además, prohíbe a cualquier empresa o ciudadano de EEUU realizar cualquier tipo de transacción con los sancionados.

Casualidades o coincidencias de la vida (yo rara vez creo en ellas; la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas), la red de comunicaciones móviles y de Internet de Corea del Norte  fue tumbada tres semanas después del ataque a Sony, acusando directamente de ello a Estados Unidos el Gobierno de Corea del Norte.

Por otro lado, la Comisión Nacional de Defensa Norcoreana ha avisado que su ejército está listo para utilizar cualquier tipo de ataque contra EE.UU. “Nuestro contraataque más duro se tomará contra la Casa Blanca, el Pentágono y todo el territorio estadounidense, ese pozo de terrorismo, superando con creces el “contraataque simétricodeclarado por Obama” [Agencia Estatal de Noticias Norcoreana]. Lo que pone de relieve una vez más el uso de los sistemas de información y las redes con fines bélicos.

Como pude leer recientemente en el brillante artículo del Coronel Auditor don Jerónimo Domínguez Bascoy; Ciberguerra y Derecho. El Ius ad Bellum y Ius in Bello en el Ciberespacio de la Revista Española de Derecho Militar (Núm. 100), el profesor en el King´s College de Londres Thomas Rid, mantiene que la ciberguerra nunca ha sucedido en el pasado, que tampoco se está desarrollando en el presente y que nunca tendrá lugar en el futuro. Para este autor, todos los ciberataques que responden a motivaciones políticas no son más que meras versiones sofisticadas de tres actividades que son tan antiguas como la guerra misma; el sabotaje, el espionaje y la subversión.

En esta misma línea por ejemplo en el Memorándum del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, señala que dentro de las actividades de seguridad contra enemigos en el Ciberespacio, es común distinguir tres áreas:

  • Penetración en los sistemas enemigos con un propósito de espionaje.
  • Modalidades de lo que podría denominarse Soft Cyber Warface, entre las que se incluirían tanto las actividades de guerra psicológica, propaganda y revelación de información secreta, con las que se persigue influir en la opinión y conducta del enemigo y de quienes les apoyan, como las sanciones internacionales, con las que se trata de castigar a quien ha violado las reglas establecidas, con el fin de modificar sus conductas.
  • Ciberguerra, propiamente dicha, que abarcaría las actividades en el ciberespacio dirigidas directamente a causar daño o destrucción al enemigo.

El uso de las tecnologías con fines bélicos no reviste de una única modalidad y se distinguen entre tres conceptos cuya línea que los separa es muy difusa en muchos casos: Ciberguerra, Ciberoperaciones y Ciberataques. Indistintamente de la calificación que uno pueda establecer, el uso de la fuerza en el ciberespacio por el Ejército, se equipara al uso de la fuerza convencional y como tal debe estar sometido al régimen jurídico militar y lo que se denomina: (i) Ius ad bellum (normas que habilitan lícitamente a la apertura de hostilidades), (ii) Ius in bello (normas que gobiernan la conducción de las hostilidades, es decir, el derecho internacional humanitario y su plasmación operativa en las reglas de enfrentamiento de los beligerantes).

En lo que respecta al uso de la fuerza como el que ocurre en el ciberespacio, por otro lado, se encuentra sometido a dos principios:

  • Principio de distinción (Obligación de seleccionar los medios y métodos más apropiados, solo sobre objetivos militares, no civiles y sobre aquellas acciones que se consideren que producen graves daños a las personas, las infraestructuras críticas, el medio ambiente o la salud)
  • Principio de proporcionalidad (Escoger los métodos más idóneos para el cumplimiento de los objetivos)

Impaciente estoy en ver los siguientes pasos de los actores en conflicto, frente a lo que parece ser el incidente más grave acaecido hasta la fecha o por lo menos conocido por el público en general.

Como decían las series de mi infancia: Continuará

[1] La estrategia de Ciberseguridad Nacional. Línea de Acción 4 del Gobierno. Investigación y Persecución del Ciberterrorismo y la Ciberdelincuencia. https://ismsforumspain.wordpress.com/tag/gonzalo-salas/

[2] http://www.confilegal.com/tribunas/diarrea-legislativa-suficiente-29122014-1733

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ARABIA SAUDÍ, EL PAIS DEL PETROLEO…Y LA CIBERSEGURIDAD!

Dr. José Ramón Coz

Dr. José Ramón Coz

Dr. José Ramón Coz Fernández
Miembro fundador y Analista Internacional de THIBER. 

Es ampliamente conocido que Arabia Saudí es, sin duda, el país del petróleo. Arabia Saudí dispone de un quinta parte de las reservas petrolíferas de todo el planeta, y es el segundo país del mundo con mayores reservas después de Venezuela. Lo que, posiblemente, no sea tan conocido es su vinculación con la Ciberseguridad. Arabia Saudí, que es una de las veinte economías más poderosas del planeta, y el cuarto país del mundo que más invierte en Defensa, también ha considerado el carácter estratégico de la Ciberseguridad, formulada a través de su Estrategia Nacional de Ciberseguridad (conocida como NISS, Developing National Information Security Strategy for the Kingdom of Saudi Arabia).

Desde hace más una década, Arabia Saudí está invirtiendo cantidades ingentes en fortalecer su Ciberseguridad. Es, lo que se conoce en los ámbitos internacionales de análisis de Ciberseguridad a nivel geoestratégico, unos de los más grandes Consumidores de Ciberseguridad a nivel mundial. El país consume productos, servicios, tecnologías, ingeniería y consultoría de procesos, proyectos de investigación y formación relacionados con la Ciberseguridad, y lo hace de forma masiva. Estas grandes inversiones tienen como principal objetivo la protección de la Ciberespacio y, además, apuntalar la protección de sus Capacidades Defensivas.

En sintonía con el grupo de países más avanzados tecnológicamente y con una gran inversión en Defensa, Arabia Saudí realiza una inversión proporcional y equilibrada en Ciberseguridad, que permite al país protegerse de forma adecuada y minimizar los riesgos a los que está sometida, tanto su defensa como sus infraestructuras críticas, como es el caso particular del sector de la energía y, más en concreto, de la industria del petróleo, a la que se otorga una importancia estratégica.

La inversión del país en Defensa en el año 2013 rondó los sesenta y siete mil millones de dólares y su inversión en Ciberseguridad en el año 2013 fue de aproximadamente unos seis mil millones de dólares, de acuerdo a los últimos estudios realizados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y el SIPRI (el Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo).

Todos los grandes programas y proyectos que se llevan a cabo en el ámbito de la Ciberseguridad en el país están alineados y coordinados. Esto supone un avance significativo, ya que solamente los países que coordinan de forma estratégica estos programas llegan a alcanzar un alto nivel de madurez en la protección global de su ciberespacio.

Ya en el año 2012 solamente el Ministerio de Finanzas Saudí Gestionaba un programa de Ciberseguridad de unos veinte millones de dólares, y en el caso del Ministerio de Petróleo y Minerales el programa estaba dotado de casi nueve millones de dólares; aunque fue precisamente este año 2012 en el que se produjo un punto de inflexión, con una notable evolución creciente en términos de inversiones en Ciberseguridad.

Después del ataque contra Aramco, la mayor empresa de petróleo del mundo, en el año 2012, que inutilizó los grandes sistemas de la compañía durante 10 días, se anunció un incremento en el presupuesto de Ciberseguridad de la propia compañía pública hasta los treinta millones de dólares. Además, en el año 2013 se produjeron importantes ataques contra las infraestructuras Web de los Ministerios en Arabia Saudí y estos hechos han provocado un crecimiento notable a nivel de inversiones. Según estimaciones del Virginia Economic Development Partnership, la inversión pública y privada podría alcanzar unas cifras cercanas a los treinta y siete mil millones de dólares en el año 2016. También, a modo de ejemplo, mencionaremos que tan solo las aerolíneas Saudíes ya invirtieron del orden de diez millones de dólares en programas de Ciberseguridad en el año 2013.

Estas cifras nos pueden dar una idea del alcance de los programas de ingeniería de soporte a la Ciberseguridad y de su complejidad técnica. Estos programas permiten alcanzar al país un grado de madurez alto, no solo en el ámbito de la Ciberseguridad sino también a la postre en las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Pero como todas las evoluciones, no se trata de un asunto reciente o esporádico. Si nos remontamos al año 2002, Arabia Saudita comenzó a crear su Framework Legal sobre Ciberseguridad con la creación de leyes como la Propiedad Intelectual, la ley de Copyright, la ley de Patentes o leyes específicas sobre Tecnología. En el año 2007, además, Arabia Saudita aprobó ya una Ley contra el Delito Cibernético (la famosa Ley del Cibercrimen, 8 Rabi 11428 / 26.03.2007), penalizando actos de piratería y fraude electrónico, así como la difusión electrónica información de socavar la moral pública o el apoyo a organizaciones terroristas. Las tareas llevadas a cabo desde entonces por la Oficina de Investigación y la Fiscalía con el apoyo técnico de la Comisión de la Tecnología de las Comunicaciones y la Información permiten también al país otorgar una garantía razonable de control.

Pese a ser un gran consumidor, y estableciendo las grandes distancias con los grandes desarrolladores de Ciberseguridad, Arabia Saudí está cambiando su visión del ámbito de la Ciberseguridad. Una visión más cortoplacista podría llevar al país a seguir realizando una gran inversión creciente en el consumo de Ciberseguridad, sin embargo, el gobierno Saudí está invirtiendo no solo en grandes proyectos de ingeniería, sino también en educación y formación en este campo. Además, sin duda, el mayor salto cualitativo a futuro es su inversión en Investigación sobre Ciberseguridad.

A modo de ejemplo mencionaremos la ciudad de la investigación KACST (King Abdulaziz City for Science and Technology) que es, en la actualidad, uno de los Centros más avanzados en Investigación del mundo. El programa de Ciberseguridad que gestiona este centro actualmente tiene un valor estimado de unos doce millones de dólares, y se han llevado a cabo desde el año 2011 importantes pactos de gran impacto con organizaciones de enorme prestigio como el MIT, que permiten a sus Universidades y Centros de Investigación seguir avanzando en todos los campos que engloban las TIC.

A nivel nacional, el País tiene una estructura de soporte a la Ciberseguridad coordinada, lo que se traduce en un liderazgo organizado. Destacaremos, en primer lugar, el Gran Centro de Respuesta a Incidentes que a nivel nacional lleva el liderazgo en la gestión de los Ciber-incidentes y la Gestión de Riesgos Tecnológicos. En segundo lugar, mencionaremos el Ciber-comando. Las fuerzas armadas de Arabia cuentan con servicios muy especializados y que están soportados por grandes programas e inversiones, y permiten garantizar la seguridad en los sistemas de la información y los sistemas de mando y control.

Además, existen cuerpos especialistas que actúan como asesoramiento para el resto de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Dispone el país, además, de un gran Centro de Operaciones de la Red que tiene como objetivo proteger los servidores y los sistemas de comunicación y proporcionar apoyo técnico, y de un Centro de Seguridad de la red que protege la confidencialidad de la información.

Como principal conclusión podemos destacar que Arabia Saudita, por sus grandes inversiones en todos los campos de la Ciberseguridad, incluyendo la ingeniería, la educación y la investigación principalmente, se convertirá sin lugar a dudas, y a muy corto plazo, en una de las grandes potencias mundiales en el campo de la Ciberseguridad y la Ciberdefensa.

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FRANCIA, UN LIDERAZGO EN CIBERDEFENSA

Dr. José Ramón Coz

Dr. José Ramón Coz

Dr. José Ramón Coz Fernández
Miembro fundador y Analista Internacional de THIBER. 

Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que Francia es uno de los países que mayor evolución ha tenido en la última década en el campo de la Ciberdefensa, pese a no ser uno de los pioneros en esta área, como puedan ser el Reino Unido, Israel, Rusia o Estados Unidos. Francia ha decido apostar por las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) desde hace más de tres décadas, sobretodo en el ámbito de las Administraciones Públicas y desde hace aproximadamente unos 5 años ha apostado fuertemente por la Ciberdefensa como un componente más de vital importancia, dentro del campo de las TIC.

Desde que Francia publicara su Estrategia Nacional de Ciberseguridad en Febrero del año 2011 se ha producido un auténtico terremoto que ha cristalizado en el Programa Nacional de Ciberseguridad que ha hecho público este año 2014. Este programa está dotado presupuestariamente con mil millones de euros. La propia Estrategia afirmaba que el mayor reto de la misma era convertir a Francia en una potencia mundial en Ciberseguridad.

Para decidir implicarse en un programa de estas dimensiones se ha producido previamente un trabajo ingente de análisis muy detallado de las inversiones, los programas, los proyectos y los servicios relacionados con la Seguridad de las TIC que estaban llevándose a cabo en todo el país. Todos los países con un grado de madurez alto en este campo han llevado a cabo estos estudios, aunque en el caso de Francia el proyecto es de extrema complejidad, pues su alcance abarca no solo el campo de la defensa y las administraciones públicas, sino también el de las Infraestructuras Críticas. Es importante señalar que estos retos tan complejos solo se pueden realizar con la colaboración estrecha del sector privado, que es responsable de gestionar una gran parte de estas infraestructuras, en la mayoría de los países.

Para llevar a cabo el diseño de este gran programa de inversiones, se ha contado con el liderazgo del Ministerio de Defensa Francés y la Agencia Nacional de Sistemas de Información, en su rol estratégico y de soporte a los Ciber-incidentes de seguridad a nivel nacional, tanto para el sector público como el privado (CERT-FR). El programa de Ciberseguridad convertirá a Francia en una próxima potencia de Ciberseguridad, sin lugar a dudas. Hay otros países con un grado de inversión similar, como el caso de IRAN, Arabia Saudí, Rusia o el Reino Unido, que se podrán destacar en un futuro próximo como las grandes potencias en este campo, siempre bajo el liderazgo de Estados Unidos, que es el desarrollador de la mayor parte de la tecnología de soporte a la Ciberdefensa.

Este gran programa cuenta no solo grandes proyectos de protección de infraestructuras críticas, dotados con un valor de unos cuatrocientos millones de Euros, sino también con importantes programas de I+D+i coordinados con centros de investigación básica y aplicada. El mayor grado de inversión será para los programas de Armamento y Material y la Seguridad de la Defensa. Francia, además, cuenta con una presencia muy relevante dentro de las instituciones internacionales, como la Unión Europea o las Naciones Unidas y está contribuyendo activamente a la formulación y el desarrollo de las estrategias futuras en Ciberdefensa.

Se conocen algunos grandes proyectos declarados oficialmente que cubre el Programa Nacional como el Proyecto de Seguridad en Comunicaciones, el Proyecto de Cifrado o el de Vigilancia de la Red Global de Defensa. Al tratarse de una prioridad para el Ministerio de Defensa, porque su capacidad operativa puede ser gravemente amenazada por las amenazas cibernéticas, se ha dotado de proyectos específicos de Mando y Control que permiten dotar de la seguridad de la información necesaria a los grandes programas de armamento. Esto es un aspecto fundamental, que ya ha sido incorporado en otros países. Como ya se ha mencionado, la mayor parte de las inversiones se destinarán a apuntalar la seguridad en el Ministerio de Defensa y sus socios estratégicos.

Francia, que gasta más dinero en sus fuerzas armadas que cualquier otro país europeo, excepto Gran Bretaña, se dotará en pocos años de la más alta tecnología de soporte a la Ciberdefensa y se pondrá al día con la OTAN en las defensas cibernéticas. También se pondrá en marcha un centro para capacitar al personal en la defensa cibernética, coordinado con las Universidades punteras en tecnología y seguridad, que tendrá un potente brazo de investigación para desarrollar las armas ofensivas de seguridad cibernética de Francia.

Otro aspecto clave es que el personal de la unidad de defensa cibernética en el campo militar se ha multiplicado por seis, y se ha creado un cuerpo específico de abogados especializados que serán capacitados para monitorizar todo el aspecto legal. Este cuerpo se integrará con el sistema judicial. Aquí, la colaboración Defensa y Justicia se considera clave, y existen numerosas líneas de acción para integrar sistemas, procesos y grupos de trabajo con este propósito. Esto es de vital importancia y cada día cobra más impacto en todos los países desarrollados.

Otro de los aspectos ya mencionados, pero absolutamente crítico, es la Ciberseguridad en los Programas de Mando y Control. Hasta la fecha los ataques monitorizados y protegidos por el Gobierno han tenido un foco en sistemas de información, pero el futuro de la Ciberdefensa es la protección de los sistemas críticos de armamento, como los aviones de combate, buques, drones y las plataformas terrestres.

En el caso particular de Francia, tras el acuerdo firmado con el Reino Unido en el año 2010 para el desarrollo común de Grandes Programas de Mando y Control, este Programa de Ciberseguridad Nacional tiene una importancia, si cabe, más estratégica porque las capacidades del Reino Unido en este campo son muy avanzadas y permite a Francia desarrollar potentes interfaces necesarios para la coordinación de estos Grandes Programas. Uno de los programas conjuntos Francia-UK es precisamente el de Ciberseguridad Conjunta, ya acordado como uno de los objetivos del acuerdo del año 2010.

Para llevar a cabo estos Programas Conjuntos y poder seguir avanzado en la protección de la Ciberseguridad nacional, el Programa Nacional de soporte a la Ciberdefensa es absolutamente crítico y por esa razón Francia está apostando fuerte en este campo, que llevará a consolidar al país como una gran potencia en el campo de la Ciberdefensa.

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Desde Rusia con amor

EnriqueFojonChamorro
Enrique Fojón Chamorro
Sub-director de THIBER, the cyber security think tank y miembro del Spanish Cyber Security Institute de ISMS Forum Spain. 

Cuando la Unión Soviética dejó de representar una amenaza existencial para Estados Unidos a raíz de la caída del Telón de Acero, Washington empezó a construir un discurso simplista acerca de la nueva amenaza china, un peligro que también se cernía sobre el ciberespacio. Este discurso funcionó hasta que a mediados del pasado año Edward Snowden filtró miles de documentos en los que se evidenciaba como la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) espiaba a sus propios ciudadanos, aliados, socios y enemigos.

Hasta 2013, Estados Unidos y China parecían vivir cómodos en este escenario maniqueo donde ninguna otra potencia mundial parecía hacerles sombra en lo que a ciberdisuasión se refiere. Pero nada más lejos de la realidad: aunque China siempre fue y será un problema, para Estados Unidos y otras muchas naciones la principal amenaza cibernética proviene de Moscú.

Rusia, bien como la principal república de la extinta Unión Soviética o como estado independiente, siempre ha tenido un papel protagonista en los eventos más relevantes acontecidos en los sesenta años de historia del ciberespacio. La puesta en órbita del Sputnik no solo supuso una victoria incuestionable en la carrera espacial; sino que además propició el comienzo de la guerra por el ciberespacio que todavía se libra en la actualidad. Y es que fue precisamente el éxito del Sputnik lo que provocó que el presidente Eisenhower autorizase la creación del Defence Advanced Research Projects Agency (DARPA) y que una década después ARPANET, el precursor de Internet, fuese una realidad.

En Junio de 1982, se producía una enorme explosión en un gasoducto soviético en Siberia, se habla de una potencia de 3 kilotones, que lo destruyó completamente. Supuestamente, ésta se debió a un ciberataque contra los sistemas SCADA del gasoducto por parte de alguna agencia de inteligencia estadounidense. Este episodio no ha sido confirmado ni por el atacante ni la victima pero forma parte ya de la historia del ciberespacio al ser  considerado por muchos como el primer ciberataque contra una infraestructura critica estatal.

En abril y mayo de 2007 Estonia fue víctima de un ciberataque masivo y coordinado. Muchos de los servicios online proporcionados por actores públicos y privados estonios quedaron parcial o totalmente interrumpidos debido a un conjunto de ciberataques supuestamente respaldados por el Kremlin. Este ataque no solo fue el primer ciberataque masivo contra un país sino que además encendió todas las luces de alarma en la OTAN y abrió el debate acerca de si un ataque cibernético entraba en el supuesto contemplado por el Artículo 5 del Tratado de Washington, aquel por el que en caso de un ataque armado contra el territorio de uno de los miembros de la OTAN, el resto de los miembros debería responder de forma colectiva.

En agosto de 2008, Rusia invadía Georgia. Este episodio esclarecía todas las dudas sobre  el modo en el que las tecnologías del ciberespacio se integran y emplean, según las circunstancias operativas de cada momento, en las operaciones militares. Durante la invasión de Georgia, el ejército ruso llevo a cabo un conjunto de ciberoperaciones para conservar la libertad de acción en la dimensión del campo de batalla que constituye el ciberespacio y el espectro electromagnético y, al mismo tiempo, negó  tal libertad al ejército georgiano en el momento y espacio oportunos para permitir diferentes acciones operativas en las otras dimensiones del campo de batalla (mar, tierra y aire).

En octubre de 2010, el FBI detecto que el NASDAQ estaba siendo ciberatacado. Este ataque, dirigido al corazón económico del país, hizo saltar todas las alarmas de la  administración estadounidense, en alerta ante la creciente actividad del cibercrimen de origen ruso. El National Cybersecurity and Communications Intergration Center estadounidense (NCCIC) coordinó la investigación del incidente en la que participaron activamente el FBI y la NSA. El análisis final evidencio que las tecnologías y técnicas utilizadas eran muy similares a las empleadas por la FSB – servicio secreto ruso – en otras ocasiones. Además, la investigación determino que el objetivo del ataque era conocer el funcionamiento de NASDAQ y no, a priori, su inutilización.

Además, los APT´s conocidos más sofisticados son de origen ruso. Entre ellos se encuentra Uroburos, clasificado por el Centro Criptológico Nacional (CCN) como el malware más sofisticado de los conocidos hasta la actualidad, por delante incluso del archiconocido Stuxnet.

En definitiva, no cabe duda de que las capacidades cibernéticas rusas se encuentran entre las principales preocupaciones de los departamentos de seguridad nacional y agencias de inteligencia de muchas naciones del globo.

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Ciberseguridad y Estrategia a largo plazo pero con recursos a corto… muy corto (Parte 2)

Gianluca D'Antonio
Gianluca D’Antonio
Presidente de ISMS Forum Spain y CISO de Grupo FCC. 

En este segundo post explicaré cómo diseñar una estrategia que, teniendo en cuenta los factores limitantes que hemos enumerado y descrito en la primera parte, defina los pasos a seguir para generar el cambio necesario en la organización para hacer frente a los nuevos desafíos que el ciberespacio presenta.

Iré por orden, definiendo las contra-medidas por cada factor limitante. Es preciso remarcar que algunas contra-medidas se aplican en más de un factor.

Apatía

Kevin Kelly, el fundador de Wired afirma que “en general, es mucho más fácil matar una organización que cambiarla significativamente” y con los años que he pasado trabajando en grandes y medianas organizaciones, tengo que reconocer que sigue teniendo razón. Existe todo un argumento para no salir de la zona de confort. Se trata de una inercia cultural que construye su trinchera con variaciones que giran alrededor del mismo argumento: “Nosotros no lo hacemos así porque somos distintos”. Y las variaciones cubren todo tipo de escenarios: distintos por mercado, por nivel de madurez, por organización, por regulación y, obviamente, por cultura.

Ante estos obstáculos, en mi opinión, la mejor estrategia es objetivar cuanto más posible el enfoque. En primer lugar, es necesario identificar los elementos de resistencia así como aquellos que puedan favorecer el cambio. En segundo lugar, hay que objetivar la necesidad del cambio. Tratando de Ciberseguridad, hay que determinar el gap existente entre la situación actual y la deseada por la organización. Los resultados del gap análisis irán acompañados por un estudio de mercado (que comúnmente denominamos benchmarking) y las buenas prácticas del Sector. El objetivo de este trabajo es desmitificar los argumentos arriba mencionados. Ninguna organización es única si la consideramos como la interrelación de Personas, Procesos y Tecnología, ámbito en el cual tenemos que definir la estrategia de ciberseguridad.

Infancia

Quizá este sea el factor que menos resistencias ofrece. Si es cierto que nos encontramos ante una disciplina todavía en fase de desarrollo, es también cierto que su consolidación está siendo favorecida por múltiples factores entre los cuales destacaría los siguientes:

  1. La adopción de Estrategias Nacionales de Ciberseguridad por parte de muchos países.
  2. El desarrollo de normas legales que contemplan aspectos de ciberseguridad en varios ámbitos de actuación de la iniciativa privada como la protección de infraestructuras criticas, la privacidad, la legislación penal, etc.
  3. La creciente entidad de los ataques e incidentes.
  4. El incremento de la cobertura mediática de los eventos arriba mencionados

Queda, sin embargo, recorrido para sistematizar de forma integral y coherente el conjunto de competencias y habilidades requeridas para una gestión idónea de las ciberamenazas.

En este ámbito es de fundamental relevancia la estructura que se dé a una unidad organizativa dedicada al dominio de la ciberseguridad. Tratándose de una práctica todavía en fieri, es importante planificar detenidamente todos los elementos del Programa de Ciberseguridad. Con este término quiero referirme a un conjunto ordenado de actividades encaminadas a conseguir los objetivos de la organización.

El orden de las actividades que componen un Programa de Ciberseguridad podría ser enumerado de la siguiente forma:

  • Definición de la Visión, Misión y Objetivos de la organización para el tratamiento de los ciber-riesgos.
  • Análisis contextualizado de la ciber-situación de la organización.
  • Delimitación del GAP y del ámbito de aplicación del Programa de Ciberseguridad.
  • Elaboración del conjunto de competencias y capacidades necesarias.
  • Definición de la estrategia de ciberseguridad.
  • Reclutamiento y formación del equipo.
  • Desarrollo del programa de acuerdo con la estrategia de ciberseguridad.
  • Revisión del estado de ejecución del programa.
  • Acciones correctivas y de mejoras.

Miopía.

Quizá sea este el factor limitante más difícil de reducir por ser intrínsecamente ligado a la naturaleza del razonamiento humano. “¿Cómo podemos conocer el futuro teniendo en cuenta nuestro conocimiento del pasado?” esta frase de Nassim Nicholas Taleb[1] introduce, en su forma original, el problema de la previsibilidad de los Cisnes Negros. En este contexto, las consecuencias de lo que aquí estamos clasificando bajo el paraguas de Miopía, mantienen una estrecha relación con nuestro sucesivo factor limitante, el de Primigenia. La falta de un dilatado y consolidado conjunto de series estadísticas sobre ciber-incidentes y ciberataques, que hayan influido de forma relevante y reconocida sobre hechos históricos, determina por parte de la mayoría de las personas una infra ponderación del riesgo. Ante este hecho, que el autor del Cisne Negro denomina falacia narrativa solo cabe una afirmación: “la naturaleza humana no está programada para los Cisnes Negros[2].

¿Qué recursos tenemos a nuestro alcance para intentar revertir esta situación de pesimismo ontológico? Yo diría que principalmente dos. El primero consiste en replantear el proceso de análisis de riesgos para transformarlo en análisis de impacto. Partiendo de la evidencia que el cálculo de probabilidad ante un escenario novedoso, como es el ciberespacio, se antoja indeterminable, mi propuesta es pivotar este análisis sobre las demás variables de la ecuación que sí podemos determinar y delimitar: vulnerabilidad e impacto.

El segundo consiste en evidenciar todas las estrechas relaciones de interdependencia que unen los procesos de negocio de cualquier organización de hoy con sus ecosistemas tecnológicos, así como la vulnerabilidad y exposición de estos últimos antes ciberamenazas.

No quiero negar que pasar de la teoría expresada en estas líneas a la práctica no sea un ejercicio sencillo. Probablemente sea todo lo contrario. Antes del 27 de abril de 2007 nadie hubiera imaginado un ciberataque a gran escala y de las consecuencias que luego conocimos contra de un país como Estonia. Las probabilidades eran muy bajas, por no decir casi inexistentes, según el criterio de la mayoría de los seres humanos. El atentado terrorista del 11 S y el desastre nuclear de Fukushima han vuelto a poner en evidencia la incapacidad del hombre de estimar y prevenir el evento primigenio. Lo que pone de manifiesto que ante las amenazas del ciberespacio no vamos a estar preparados por nuestra misma forma de subestimar lo que no hemos visto todavía. Sabemos que nuestra sociedad es cada vez más dependiente de su infraestructura tecnológica, del suministro de fuentes de energías, de sus comunicaciones en tiempo real, de sus servicios online…, lo que no sabemos y tendremos que aprender por la vía de la “prueba y error” es el coste y las consecuencias del incidente o ataque cibernético.

[1] [2] El cisne negro; Nassim Nicholas Taleb, edición Paidós.

Ciberseguridad y Estrategia a largo plazo, pero con recursos a corto… muy corto (Parte 1)

Gianluca D'Antonio
Gianluca D’Antonio
Presidente de ISMS Forum Spain y CISO de Grupo FCC. 

Que la realidad supera la ficción, por lo menos en lo que se refiere a ciberseguridad y al incremento exponencial tanto de las amenazas como de los ataques, ya no es un tema controvertido. Por lo menos, para los expertos y los profesionales del sector que saben dónde buscar datos y estadísticas. Personalmente recomiendo la página de Paolo Passeri www.hackmageddon.com para poder constatar que las tendencias van “in crescendo”.

Sin embargo, parece que la práctica de ciberseguridad es víctima de algunos de los factores limitantes que también afectaron a los Programas de Seguridad de la Información en sus primeros pasos.

Para elaborar la relación de los factores limitantes utilizaré también algunas de las categorías que Ron Collette definió en su libro “Ciso Soft Skills”.

Apatía.

Sinónimo de dejadez o indolencia, cuando referido a organizaciones estructuradas como son las empresas, es un elemento fundamental de la resistencia al cambio. Y como bien dice R. Collette, “desafortunadamente la apatía no afecta solo a la seguridad”. Mientras escribo estas líneas, Target, la empresa de distribución estadunidense que en diciembre pasado fue víctima del robo de más de 40 millones de tarjetas de crédito, publica el nombramiento de su nuevo CISO como una pieza fundamental en la campaña de imagen que está llevando a cabo para recuperar la confianza perdida de sus clientes.

El actual escenario se puede todavía definir como el primer estado de la ciberseguridad desde su conceptualización. Aunque mucho se haya escrito y analizado sobre las consecuencias de un mundo hiperconectado, desde el punto de vista organizativo, las empresas están todavía dando los primeros pasos para estructurar y aprovisionar de recursos una función que sea “accountable” para la ciberseguridad. La misma búsqueda de profesionales y expertos en este nuevo dominio es difícil, y muchas veces viene suplida con personas que carecen del background y competencias necesarias para definir una estrategia de ciberseguridad acorde con los objetivos de la organización.

Miopía.

La falta de visión a largo plazo limita de forma sustancial la capacidad de planificar una estrategia de ciberseguridad que asegure, en el sentido más amplio, la integridad de los activos de la organización. Las consecuencias de esta miopía son claras, empezando por exponer la organización a una serie de riesgos relacionados con el uso de las nuevas tecnologías y el ciberespacio que ni siquiera están definidos o clasificados por esta. En definitiva, estamos ante un approach reactivo más que proactivo, común a la mayoría de las organizaciones y determinado por la agenda de la Dirección Ejecutiva, muy alejada de los riesgos tecnológicos, hasta que se materialice el evento disruptor.

La falta de trayectoria y de dilatadas experiencias demostrables resta a la ciberseguridad, vista como la disciplina de la resiliencia, capacidad de persuasión para con los demás actores del ecosistema empresarial. Es difícil recurrir al benchmarking cuando de lo que se trata es de anticipar tendencias y acontecimientos futuros. Máxime si el ámbito en el que nos movemos es el de las nuevas tecnologías, solitamente acompañadas de una percepción “virtual” y dicotómica respecto a la real que acompaña el mundo tangible de las cosas. En otras palabras, la percepción de los actores más cercanos a los negocios acerca de los riesgos del ciberespacio es todavía muy incipiente. Por esta razón, hablar de factor primigenio cuando tratamos de ciberseguridad es muy apropiado. Estadísticamente es uno de los elementos limitantes que más aparecen cuando el análisis de las causas de un incidente va más allá de la superficie noticiable del mismo

La existencia de estos factores limitantes como son la Apatía, la Infancia, la Miopía y la Primigenia respecto de la ciberseguridad es algo indudable y fácilmente observable en la mayoría de organizaciones. Así como sus efectos, que resumiría como consecuente marginalidad de la gestión de los ciber-riesgos.

Esta marginalidad se materializa en la falta de un mandato específico, dentro de las organizaciones, que cubra la seguridad de las operaciones llevadas a cabo en el ciberespacio. Aunque mayoritariamente se pueda reconducir esta misión bajo el rol de Chief Information Security Officer (CISO), esta integración de la misión del CISO se hace de forma implícita, sin una clara asunción de este objetivo por parte de la Dirección. Una prueba de ello, es la ausencia, en la mayoría de las memorias empresariales publicadas, de una mención explícita a esta función. Sin una misión y mandato explicito que haga referencia a la ciberseguridad como un área de atención y aplicación de recursos por parte de la empresa es difícil vislumbrar un futuro próximo en el que los factores limitantes que hemos mencionado vayan reduciendo su presencia.

Hay señales positivos, empresas que han creado un rol especifico de Cyber Security Officer, o que han explícitamente refundado la función de Information Security incluyendo el dominio Ciber como parte de los objetivos de seguridad y estableciendo por ello reporting basados en métricas e indicadores específicos.

En mi próximo post trataré de ir más allá del diagnóstico e identificar las posibles estrategias para acelerar sino facilitar la reducción de estos factores limitantes.

Información relacionada y links útiles:

http://hackmageddon.com/

https://www.cisohandbook.com/

http://www.informationweek.com/strategic-cio/executive-insights-and-innovation/10-ways-to-fight-digital-theft-and-fraud/d/d-id/1127869?image_number=1

http://www.homelandsecuritynewswire.com/dr20140622-shortage-of-cybersecurity-professionals-a-risk-to-u-s-national-security

http://www.informationweek.com/strategic-cio/team-building-and-staffing/target-hires-gm-exec-as-first-ciso/d/d-id/1269600

http://blog.lumension.com/3842/the-new-cso-cyber-security-officer/

La estrategia de Ciberseguridad Nacional. Línea de Acción 4 del Gobierno. Investigación y Persecución del Ciberterrorismo y la Ciberdelincuencia

Abogado. CDPP. E|CISO.  Senior Manager. Grupo SIA.

Abogado. CDPP. E|CISO. Senior Manager. Grupo SIA.

Gonzalo Salas Claver
Abogado. CDPP. E|CISO. Senior Manager. Grupo SIA. 

El Presidente del Gobierno aprobó el pasado año el documento que contiene la Estrategia de Ciberseguridad Nacional (ECN) como piedra angular del Gobierno para el desarrollo de acciones de prevención, defensa, detección y respuesta frente a las Ciberamenazas.

Aprovechando que el pasado 26 de febrero de 2014 se constituyó el Consejo Nacional de Ciberseguridad, qué mejor momento procesal para escribir este breve ensayo, haciendo una breve critica a una de sus líneas de acción, por considerarla inconsistente y, por tanto, ineficaz. Si bien atrevido de mí, debería seguir al ingenioso hidalgo Don Quijote, cuando éste le dijo a su inseparable Sancho: ¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?

La ECN gira sobre la definición de unos principios rectores y objetivos de la Ciberseguridad, junto con la descripción de un conjunto de líneas de acción. Ahora bien, hoy en día es difícil de entender que las acciones prescritas para conseguir un marco jurídico y operativo eficaz en esta materia  (contenidas en la Línea de Acción 4 de la ECN)) se limiten única y exclusivamente a:

  • Integrar los tipos penales según los problemas que surjan relacionados con la ciberseguridad.
  • Mejorar las capacidades de investigación y persecución del ciberterrorismo y ciberdelincuencia.
  • Fortalecer la cooperación policial y ciudadana.
  • Asegurar a los profesionales del derecho, el acceso a la información y el conocimiento para la mejor aplicación del marco legal.

Nos parece decepcionante que, además de la sempiterna pretensión de mejora sustancial de las leyes, no se establezcan o prevean como eje principal de la ECN una mejora fundamental de los mecanismos y procedimientos que aseguren una respuesta rápida a los grandes incidentes, que incluya una detención rápida, un juicio sin dilaciones[1] y un castigo severo. Elementos todos ellos de la ecuación, que no se dan dentro de nuestro sistema y nuestro ordenamiento jurídico. Y es doblemente decepcionante por cuanto en la National Strategy to Secure Cyberspace de 2003 del Presidente de los EE.UU. se establecía como uno de sus principios principales “mejorar las capacidades para determinar la fuente del ataque y la respuesta”.

En efecto, toda la ECN parece que se centra en la prevención, y deja de absolutamente de lado la reacción. Echo en falta unas claras líneas de acción para cuando las medidas preventivas  sean claramente superadas. En efecto, el Manual de Tallin (2013) de la OTAN sobre el derecho internacional aplicable a la ciberguerra contiene una Regla 13 que establece que un Estado que es objeto de una ciberataque que alcanza el nivel de ataque bélico puede ejercitar su derecho intrínseco a la legítima defensa. Este mismo año se ha publicado también por la OTAN el libro Peacetime Regime por State Activities in Cyberspace como guía doctrinal frente a ataques cibernéticos que no alcancen la categoría de ataque bélico.

No creo, que bajo estas líneas de acción, encontremos la capacidad de respuesta a los retos frente a los que nos encontramos, y se dé o se consiga una protección real y efectiva a los ciudadanos frente  a los contundentes riesgos y amenazas que se ciernen sobre nosotros.

Los ciberdelitos[2] presentan éstos aspectos característicos:

  • Se cometen fácilmente.
  • Se ejecutan bajo una percepción de anonimato.
  • Percepción de impunidad.
  • Posibilidad de obtención de rápidos beneficios/ daños.
  • Requieren escasos recursos en relación al perjuicio que pueden causar.
  • Pueden cometerse desde cualquier lugar, generando problemas de jurisdicción, lo que supone una dificultad en la persecución del delito por las restricciones territoriales.
  • Se benefician en algunos casos de lagunas de impunidad, por ser ejecutados desde territorios donde ni se tipifica la sanción, por tanto no se persigue el delito ni hay posibilidad de extradición.

Bajo toda esta aureola de beneficios, el elemento de tolerancia cero y medidas severas siempre son una buena herramienta. Sanciones efectivas, proporcionadas y sobre todo disuasorias. Para ello solo hay que ver el régimen sancionador de la Administración Pública, donde cada vez es más notorio el importe de las sanciones como elemento disuasorio frente al administrado.

Resulta interesante ver, como en Estados Unidos se ha incrementado notablemente las penas si se atacan ordenadores protegidos, con condenas de hasta 10 años de prisión en primera condena y de hasta 20 años cuando haya reincidencia, cuando nuestro tipo general, el de revelación de secretos va de 1 a 5 años y/o el de daños[3]  con pena multa de 6 a 24 meses.

Es difícil encontrar, invito al lector a que me rectifique, supuestos de condena penal superior a 2 años, que suponga el ingreso efectivo en prisión, por delitos informáticos, excluyendo indiscutiblemente los relativos a la difusión de pornografía infantil.

Por otro lado, nos encontramos frente a unas normas y procedimientos, que encorsetan la lucha contra la ciberdelincuencia. Así difícilmente se podrán obtener unos buenos resultados cuando:

  • Contamos con sistemas descentralizados de la administración de justicia, por el traspaso de competencias por los distintos Estatutos de Autonomía, que junto a su falta de interoperabilidad, a pesar del esfuerzo que se está llevando a cabo a través del Esquema Judicial de Interoperabilidad y Seguridad, redunda en una merma en términos de eficiencia y calidad de la justicia.
  • Falta de consolidación de los sistemas y las infraestructuras de los distintos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que supone claras y manifiestas ineficiencias. Un modelo de “silos” que en la práctica supone mermas en la capacidad de respuesta entre los distintos cuerpos policiales dedicados a la persecución de este tipo de delitos (La Brigada de Investigación Tecnológica del Cuerpo Nacional de Policía,  el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, y a nivel autonómico; la Unidad de Delitos Económicos e Informáticos de la Ertzaintza y los Mossos d’Esquadra desde la Unidad de Central de Delitos Informáticos).
  • Unos cuerpos policiales que cooperan poco entre ellos, rompiendo la máxima que en seguridad se colabora no se compite.
  • Unos procedimientos en materia de cooperación judicial vía comisión rogatoria, excesivamente lenta. Nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal del año 1882 poco podría prever sobre estas conductas tan dinámicas que requieren respuestas ágiles.
  • Una normativa en materia de privacidad, intimidad y protección de datos, que limita o restringe la actuación policial, que debe verse sometida al principio de proporcionalidad, que deba ser idónea para la investigación del delito, imprescindible para el caso concreto (que no existan otras menos gravosas), y ejecutada de tal modo que el sacrificio del derecho fundamental a la intimidad no resulte desmedido con la gravedad de los hechos y las evidencias existentes.

Año a año crece este tipo de delincuencia. Nos encontramos en un escenario en donde la incoación de procedimientos judiciales  por hechos ilícitos asociados al uso de las TICs ha supuesto un incremento del de un 21,81%, según los datos publicados en la última Memoria de la Fiscalía General del Estado. Así el registro del último año (2012) asciende a 7.957.

Gráfica1

Fuente; Memoria Fiscalía General del Estado 2013.

Según el Ministerio del Interior, el 95% de los delitos relacionados con las nuevas tecnologías quedan impunes. Si bien por su informe de Cibercriminalidad, el año pasado detuvieron a más de 5.000 personas. En cuanto al volumen por tipología de delitos:

Gráfica2

Fuente; Ministerio del Interior.

Según Symantec, el promedio mundial de ataques dirigidos es de 116 diarios y su incremento en el año 2012 del 42%. El informe sobre Crimen Cibernético de Norton 2013, registra más de un millón de victimas al día, cada una de las cuales pierde € 220 por término medio.

Estos datos no dejan de ser la punta del iceberg,  ya que estamos frente a un problema de delincuencia global, en muchos casos, organizada y cada vez más tecnificada. Unos datos que a su vez nunca recogerán la realidad, dado que muchos delitos no son conocidos y por tanto ni registrados ni perseguidos.

Es por tanto necesario, abarcar nuevas iniciativas para reforzar la lucha contra la ciberdelincuencia,  y desarrollar y reforzar toda una serie de medidas destinadas a disuadir y combatir estas conductas. Para ello la revisión y mejora normativa y procedimental de nuestro ordenamiento jurídico, no solo es vital, sino fundamental.

Un gran primer paso ha llevado a cabo el Gobierno de España, buscando ampliar y mejorar las capacidades de detección y análisis de las ciberamenazas.  Aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen ahora  la obligación de actuar (Replicando a Comte: “Saber para prever, a fin de poder” ).

[1] La principal queja o reclamación a los Juzgados y Tribunales, es la falta de una justicia ágil y tecnológicamente avanzada, destacando el derecho a la tramitación ágil de los asuntos y derecho a una organización racional de la oficina o servicio judicial.

Según las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial,  los Juzgados de lo Penal tardan en resolver en primera instancia 10,4 meses.

[2] De las múltiples definiciones que han querido abarcar este concepto, la más apropiada es la descrita por Romeo Casabona: Conjunto de conductas relativas al acceso, apropiación, intercambio y puesta a disposición de información en redes telemáticas, las cuales constituyen un entorno comisivo, perpetradas sin  el consentimiento o autorización exigibles  o utilizando información de contenido ilícito, pudiendo afectar a bienes jurídicos diversos de naturaleza individual o supraindividual. (De los delitos informáticos al cibercrimen. Una aproximación conceptual y político criminal)

[3] Coste de un ciberataque: € 435.000 (Coste de mano de obra, hardware, software e indemnizaciones. No se computa lucro cesante). Fuente: Symantec. Coste del Cibercrimen.

Coste de pérdida de negocio por fallo de seguridad: € 350-€ 700 en PYME, €12.00- € 18.000 Gran Empresa. Fuente: Information Security Breaches Survey

Coste de pérdida de posicionamiento en motores de búsqueda (Código Malicioso en Web) y credibilidad: € 25.000-€115.000 en Pyme y € 29.000- €135.000 en Gran Empresa. Fuente: Information Security Breaches Survey